Las emociones en el mundo digital: un activo que hay que mantener

Las emociones nos definen, nos influyen y nos pueden ayudar o perjudicar. Por ejemplo, en nuestro estado de ánimo. Conocer nuestras emociones, entenderlas y actuar en consecuencia nos prepara mejor para hacer frente a los retos emocionales y sociales con los que nos encontramos a diario en el ámbito personal o profesional, público o privado. Lo mismo ocurre con el entorno digital. Las emociones digitales están ahí cuando interaccionamos de manera virtual. Y conocerlas mejor nos permitirá adquirir inteligencia emocional digital, una herramienta importante en nuestro día a día virtual.

El mundo digital no deja de ser un reflejo del mundo físico que vivimos. Muchos estamos ya acostumbrados a la interacción a través de mensajes de texto, mensajes de audio o videollamadas. Mil y una maneras de comunicarnos con conocidos y desconocidos a través de distintas plataformas y tecnologías. Y al igual que ocurre en las relaciones personales físicas, en el ámbito digital se producen situaciones que afectan a nuestras emociones. Y en el equivalente virtual, a nuestras emociones digitales.

Precisamente, será sobre esta cuestión, y otras muchas, de las que se debatirá en el EnlightED 2022. El encuentro anual sobre el nuevo paradigma de la educación en su conjunción con la tecnología.

La inteligencia emocional y las emociones digitales

El concepto de inteligencia emocional se ha hecho muy popular en los últimos años. Un concepto que surgió a principios del siglo XX y que fue evolucionando hasta lo que conocemos en la actualidad. Y que tiene su origen en la última década del siglo XX. Podemos definir inteligencia emocional como la habilidad o capacidad de percibir y reconocer nuestras emociones. También se aplica a entender y regular esas emociones en función de nuestras necesidades personales y sociales.

Su equivalente digital es también muy reciente. Y, obviamente, tiene su origen en la integración de Internet en nuestras vidas. En la actualidad, usamos el teléfono móvil casi 5 horas al día. Y gran parte de ese tiempo lo pasamos en Internet. Por motivos personales o profesionales. Por obligación o por deseo propio. En concreto, pasamos casi 7 horas de media al día. De ese tiempo, casi 4 horas son a través de dispositivos móviles.

Así pues, la inteligencia emocional digital se hace imprescindible para hacer frente a las situaciones que nos encontramos en las redes constantemente. Y en este sentido, juegan un gran papel aspectos como la empatía, la autoconciencia y regulación emocional y la conciencia social. Aspectos que conviven con otras habilidades sociales o personales como la comunicación digital o la seguridad digital. Tres ejes que están muy ligados en nuestras interacciones digitales. No hay que olvidar que las emociones influyen en las decisiones que tomamos o en como nos comportamos con los demás.

Las emociones digitales son importantes en las interacciones virtuales

La agilidad emocional en un mundo de inmediatez

Otro concepto surgido en los últimos años relacionado con las emociones es el de agilidad emocional. Entre los expertos en el tema, destaca la psicóloga estadounidense, la Doctora Susan David, autora del libro del mismo nombre: Emotional Agility, Agilidad emocional.

La agilidad emocional tiene que ver con como hacemos frente a nuestras emociones y pensamientos ante situaciones concretas. Es la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos y con el mundo y las personas que nos rodean. Y esto nos atañe tanto en el plano físico como en el digital. Curiosamente, inteligencia emocional y agilidad emocional difieren en el enfoque con el que están pensadas por parte de psicólogos y demás expertos en la materia. 

Mientras que la inteligencia emocional nos da herramientas para enfrentarnos a situaciones y experiencias a partir del control y autoconocimiento, frente a la posibilidad de encontrarnos con malas emociones, la agilidad emocional introduce los valores y principios como ejes para guiar nuestras respuestas ante hechos concretos. 

Sea cual sea el enfoque elegido, está claro que el mundo digital destaca por su inmediatez. De ahí el reto de entender o interpretar las interacciones o lo que encontramos a nuestro paso de manera correcta y sin dejarnos llevar con emociones como el miedo o el odio. Curiosamente, el mundo digital es también una oportunidad para transmitir emociones de mil maneras distintas: una fotografía, un vídeo, un emoji… 

Nuevas maneras de comunicarnos y expresarnos en las que en ocasiones colisionan distintas perspectivas o equilibrios emocionales. Aprender a lidiar con ello a través las emociones digitales es parte de nuestro aprendizaje como personas dentro y fuera de lo digital. 

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