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La familia y la escuela, dos espacios diferentes para educar con tecnología

En un artículo anterior hablaba sobre la relación entre los ámbitos de la tecnología y la educación de nuestros niños, niñas y jóvenes. Hoy voy a ir un poco más allá y extender este debate al espacio de la familia, ese entorno central de sus vidas donde se forman y, en buena medida, se canaliza el desarrollo de sus potencialidades. ¿Puede aportar algo a este entorno el uso de la tecnología como factor educativo? Y en tal caso, ¿qué sería, y cómo hacerlo?

Mi opinión, basada en años de experiencia trabajando con niños, niñas y jóvenes de todas las edades, y como madre, es que sí puede aportar, y mucho. Pero en un sentido muy distinto al de la escuela. Ambos mundos, la escuela y el hogar, son complementarios, pues comparten una función formativa, pero a la vez son muy diferentes. Y esa diferencia hace que los métodos que se utilicen, el acercamiento a los temas y los propios objetivos que se persigan, también deban ser distintos.

No estoy diciendo, aclaro, que a estas edades debamos enseñar tecnologías en las casas. Pero sí que la tecnología puede ser una herramienta formidable en este ámbito, pues nos puede ayudar a desarrollar en los niños y niñas habilidades blandas como la resolución de problemas, el trabajo en equipo, el emprendimiento, el pensamiento crítico y creativo, la capacidad de adaptabilidad a un mundo cambiante y marcado por los avances científicos y tecnológicos…

El primer paso: ¿qué le gusta a nuestro hijo o hija?

Vamos a enfocarnos, pues, en cómo hacerlo. Es la gran pregunta que siempre me hacen los padres y madres, desde que comencé el proyecto Mom & Geek, y empecé a realizar talleres en familia con HackLab Almería, hace ya unos nueve años.

Bueno, la tecnología tiene muchos caminos y facetas, y tanto en Internet como en el mercado existen muchísimas herramientas educativas online para comenzar a hacer proyectos en la casa. Pero el primer consejo que doy siempre a las familias es detenerse a pensar un momento antes de escoger uno de esos caminos. Primero hay que observar a los niños y niñas, y preguntarse: “¿Cómo son? ¿Qué tipo de cosas les gustan? ¿En qué son buenos, y en qué no?

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Fuente: Envato

No son preguntas con respuestas exactas, y puede que luego nos demos cuenta de que nos hemos equivocado, y debamos corregir el camino. Pero es un buen comienzo. No debemos dejarnos llevar por las tendencias y modas del momento, ni por lo que nos guste a nosotros. En mis talleres y clases lo veo mucho: hay niños y niñas que se pueden pasar horas construyendo, y otros/as, programando. Hay algunos que son más inquietos, o más tranquilos. Los hay más ‘artistas’, o más exploradores…

Si tenemos dudas, está bien explorar diferentes actividades, pero lo primero es aceptar que no a todos tienen que gustarle las mismas cosas. Conozco padres que le han comprado un robot “muy chulo” a un niño o niña, pero luego ha terminado en la estantería como elemento decorativo…

La familia, un espacio diferente

Una vez identificado lo que le gustaría (o le llama la atención) al niño o niña, podemos empezar a explorar las opciones.

Si le gusta la robótica, por ejemplo, el próximo paso sería buscar algún kit adecuado a su edad. Por ejemplo, suelen funcionar muy bien los kits de LEGO Education, y la Micro:bit con Cutebot, que son más asequibles. ¿Qué le gusta programar? Entonces puedo buscar herramientas gratuitas en internet, y lo acompaño en el proceso de aprender y hacer un proyecto para resolver algún problema…

Y aquí viene el segundo ‘consejo’: En la casa las cosas tienen que tener otra gracia, otro aroma. Allí nos les vamos a dar clases, pues esta no es una escuela, ni puede parecerlo. Y, por lo tanto, si vamos a hacer el robot, o cualquier proyecto en familia, tiene que haber algo más. Por ejemplo, algo que funciona muy bien es reciclar aparatos. Destriparlos y darles otro uso a sus componentes. Recuperar motores, imanes y circuitos, y planificar qué podemos crear a partir de ellos. Decorarlos a nuestro gusto, mezclarlos con los juguetes que ya tenemos en la casa para ‘darles vida’ o buscarles otra función…

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Fuente: Envato

Estoy ‘atascada’, ¿me puedes ayudar?

Porque, en el ámbito de la casa, uno de los secretos está en esconderles el aprendizaje a los niños y niñas. Es otro consejo que siempre doy. Algo que muchas veces funciona muy bien es hacer que sientan que nos están ayudando en un proyecto nuestro. Que estamos resolviendo juntos algún problema concreto muy importante, y de pronto las cosas se ‘traban’ y hay que pensar en una solución. Desde mi experiencia, muchas veces esto los motiva más que ponerlos a resolver un problema, como en el colegio.

Cada niño o niña, cada familia, es un mundo. Y lo importante no es hacer el robot, o el programa. Ni siquiera el proyecto en sí. Lo importante es pasar tiempo juntos. Normalizar la visión del mundo de la tecnología como una forma de resolver problemas y retos de una manera divertida, práctica y sin prejuicios de género o de ningún tipo.

Es una forma, simplemente, de incentivar en ellos un pensamiento creativo. De enseñarles a enfrentarse a los problemas y buscarles soluciones. Es un aprendizaje indirecto, basado en retos con impacto en su entorno más cercano, y, por lo tanto, más significativo.

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Fuente: Envato

Herramientas para comenzar en familia

Siempre está la opción, además, de buscar un espacio en nuestra localidad donde ofrezcan actividades de robótica, o programación, pero de forma lúdica y divertida. Esta alternativa tiene algunas ventajas añadidas. Por un lado, en estas actividades muchas veces se llevan ideas y proyectos para la casa. Y, por otro, normalmente, a este tipo de lugares van niños y niñas de otros centros, y así conocen a gente de su edad con sus mismos intereses e inquietudes, y aprenden a trabajar en equipos.

También existen muchas herramientas educativas online para empezar a explorar en este mundo de la tecnología, dependiendo de la edad o los conocimientos de nuestro hijo o hija. Por ejemplo, para iniciarse en el mundo de la programación siempre recomiendo Scratch, una herramienta gratuita, de código abierto, y que, además, tiene detrás una comunidad muy potente y global, siempre dispuesta a ayudar.

Y, para concluir, aquí les dejo varias plataformas gratuitas para explorar proyectos, y empezar a programar: Code.org, Scratch, Scratch JR, Makecode.com, MIT App inventor y Alice.

Imagen de cabecera de Envato.

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