Calderas de gas

El fin de las calderas de gas se acerca: el objetivo es descarbonizar los edificios con bombas de calor

Si has crecido en una casa española y de otros países de Europa, seguramente has convivido con una caldera de gas. Esos enormes artefactos de cuyo funcionamiento y salud dependía y depende la calefacción de los hogares en invierno. 

Su principal problema: depende del gas natural que, en los últimos años, Guerra de Ucrania mediante, ha subido tanto de precio y se ha acabado de señalar como un combustible perjudicial en la lucha contra el cambio climático. 

La Unión Europea ha revisado sus medidas para combatir el problema climático y, precisamente, una de las más destacables y que más toca a los ciudadanos de forma directa es la decisión de eliminar las calderas de gas en los edificios. 

La UE ha actualizado su directiva de Eficiencia Energética, donde se marca que los estados miembros deberán garantizar colectivamente, para 2030, una reducción en el consumo de energía final de al menos un 11,7 % con respecto a las previsiones de consumo de energía que para ese mismo años se habían fijado en 2020. 

Esto se traduce en un límite máximo de 763 millones de toneladas equivalentes de petróleo para el consumo de energía final y de 993 millones de toneladas equivalentes de petróleo para el consumo de energía primaria.

España, país de calderas de gas

El movimiento supone un gran desafío para países como España, pero también abre nuevas oportunidades en el sector de las energías renovables. Se calcula que solo un 10% de los hogares españoles actuales con calefacción no eléctrica cuentan con alternativas a las habituales calderas de gas, como pueden ser las calderas de pellets, los suelos radiantes o las bombas de calor. Estas últimas, las grandes señaladas como herederas de las calderas por su combinación de eficiencia y facilidad de uso.

La Asociación Europea de Bombas de Calor (EHPA) ha difundido un informe acerca de su utilización, y se desprende una conclusión evidente: los países nórdicos son los que más confían en las bombas de calor. Finlandia (69‰), Noruega (60‰), Suecia (39‰) y Estonia (32‰) encabezan la lista. Estos países, caracterizados por climas considerablemente más fríos, son los primeros en mostrar un interés destacado en la eficiencia energética.

La nueva directiva de tiempo a los estados hasta octubre de 2025 para transponerla. A partir de ese momento, no podrá haber construcción de obra nueva ni reforma en la que entre en juego una caldera de gas. Sin embargo, se cree y se aspira a que se den pasos antes.

¿Se prohíben las calderas de gas? Las críticas a la Directiva

El objetivo es que los edificios nuevos estén libres de emisiones a partir de 2028, y que las calderas de gas y diésel se eliminen progresivamente para 2035. Además, se prevé que las subvenciones a los calentadores que utilicen esta tecnología se interrumpan a partir de 2024.

Algo importante es que la directiva no prohíbe el uso de calderas que ya estén instaladas ni las que se instalen hasta su puesta en marcha, sino su instalación en obra nueva.

El objetivo es que los edificios nuevos estén libres de emisiones a partir de 2028, y que las calderas de gas y diésel se eliminen progresivamente para 2035.

Asociaciones como Sedigas (Asociación Española de Gas) o FEGECA (Fabricantes de Generadores y Emisores de Calor) han criticado algunos puntos de la normativa, que creen que no es agnóstica a nivel tecnológico al primar por encima de otras opciones de las bombas de gas. “Fiarlo todo a las bombas de calor va en contra de la idea de una transición justa, al resultar económicamente poco realista para muchas familias”, señalan estas asociaciones en un comunicado, donde señalan que se dejan de lado otros biocombustibles y opciones alternativas.

La transición hacia las bombas de calor supondrá un desafío para los profesionales del sector, que tendrán que adaptarse a la nueva normativa. La Directiva de la UE también especifica que los Estados miembros deberán garantizar la existencia de suficientes profesionales cualificados y promover campañas publicitarias para atraer a jóvenes a esta profesión de mantenimiento energético.

Pero, ¿qué es la aerotermia y las bombas de calor?

La aerotermia es un tipo de energía renovable que extrae la energía térmica existente en el aire para transferirla al interior de la vivienda. A través de un proceso termodinámico, la aerotermia puede proporcionar calefacción en invierno, refrigeración en verano y agua caliente durante todo el año.

Por su parte, las bombas de calor son dispositivos que transfieren la energía térmica de una fuente de calor a una región más fría. Son la tecnología y herramienta clave utilizada en los sistemas de aerotermia para extraer la energía del aire y transferirla a la vivienda.

Las bombas de calor son conocidas por ser altamente eficientes –más que las calderas de gas convencionales– y pueden tanto elevar como bajar la temperatura de un espacio, así como dar agua caliente a un hogar. Esto se debe a que utilizan una pequeña cantidad de energía eléctrica para mover la energía térmica de lugar, en lugar de generar calor a través de la combustión de combustibles fósiles.

¿Cómo funcionan las bombas de calor?

Las bombas de calor operan utilizando un ciclo termodinámico para mover la energía térmica del aire exterior al interior de la vivienda. Este proceso implica varios componentes clave, incluyendo el compresor, el condensador, la válvula de expansión y el evaporador. 

El compresor se encarga de transformar la energía eléctrica y elevar la presión del fluido refrigerante. A continuación, el condensador condensa el refrigerante, pasando de estado gaseoso a líquido mediante el intercambiador de calor. La válvula de expansión genera una elevada pérdida de carga, reduciendo la temperatura y produciendo la expansión del fluido refrigerante. Finalmente, el evaporador facilita la evaporación del fluido refrigerante, absorbe el calor y reinicia el ciclo.

El precio frente a una caldera de gas, el gran asterisco

Sin embargo, como cualquier tecnología, las bombas de gas también presentan algunas desventajas que es importante tener en cuenta. La inversión inicial en la instalación de un sistema de aerotermia o la instalación de bombas de gas puede ser costosa, aunque los costes operativos en revisiones y reparaciones suelen ser más bajos que los de los sistemas de calefacción convencionales.

Para hacerse una idea, si una caldera de gas puede costar entre 700 y 3.000 euros en función de la potencia, una bomba de gas o un sistema con varias de ellas para una casa grande puede ir desde los 1.000 a los 10.000 euros.

Además, los sistemas de aerotermia requieren espacio tanto en el interior como en el exterior de la vivienda para instalar el equipo necesario. En climas extremadamente fríos, aunque las bombas de calor pueden funcionar, su eficiencia tiende a disminuir a temperaturas muy bajas.

La opción del hidrógeno verde, muy lejana. La de la biomasa, en duda

cáscaras de almendra frutos secos biomasa
Cáscaras de nuez destinadas al uso para biomasa.

Otra opción es el uso del hidrógeno verde, que se obtiene de la electricidad renovable y se produce al dividir las moléculas de agua en un proceso conocido como electrólisis. Este gas podría utilizarse en calderas preparadas para el hidrógeno, que lo podrían almacenar. Sin embargo, su uso sigue siendo todavía relativamente experimental y desde luego no se está aplicando en los hogares.

Otra opción son las calderas de pellets y las soluciones de biomasa, un tipo de sistema de calefacción que utiliza como combustible pequeños cilindros comprimidos de elaborados de madera denominados pellets. Estos pellets suelen estar hechos de residuos de madera, como serrín y virutas, que se compactan sin necesidad de añadir aditivos, gracias a la lignina natural de la madera que actúa como aglomerante al aplicarse presión y calor. 

El funcionamiento de una caldera de pellets es relativamente sencillo: los pellets se almacenan en un depósito y, a través de un sistema automatizado, se transportan hasta la cámara de combustión de la caldera. Allí, se queman de manera eficiente, produciendo calor que se utiliza para calentar agua. El agua caliente se puede distribuir a través de radiadores o suelo radiante para calentar una vivienda, o bien utilizarse para obtener agua caliente sanitaria.

A pesar de ser más sostenibles que una caldera de gas, ha habido dudas sobre la verdadera sostenibilidad de los sistemas de biomasa. Por su combustión liberan la cantidad de dióxido de carbono (CO2) que los árboles absorbieron durante su crecimiento, lo que significa que la emisión de CO2 es neutra siempre y cuando la biomasa se gestione de manera sostenible, asegurando la replantación y el mantenimiento de los bosques. Sin embargo, desde su auge se ha denunciado también la plantación de plantaciones poco sostenibles solo con el objetivo de producir madera como combustible. 

El desafío de la descarbonización de los edificios y la construcción

No solo las calderas de gas son el único elemento en la descarbonización de edificios. La Unión Europea ya presentó en marzo una Hoja de Ruta para la Descarbonización de la Edificación, que incluye medidas como la introducción de límites al carbono de ciclo de vida de los edificios, la implementación de estándares mínimos de comportamiento energético (MEPS) y la aceleración de las intervenciones de rehabilitación energética en el parque construido.

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