• 28 noviembre, 2022
  • 5G 
  • 5 min

El 5G que viene del espacio

Sputnik fue el primer satélite artificial que el ser humano logró poner en órbita. Desde aquel lejano 1957, el cielo terrestre se ha llenado de artefactos que nos permiten obtener datos e imágenes sobre la Tierra, comunicarnos a kilómetros de distancia y muchas otras acciones que facilitan nuestro día a día a ras de suelo. Y las nuevas generaciones de satélites, más compactos, eficientes y baratos, harán posible el 5G espacial.

Poner en órbita un satélite ha sido siempre una empresa costosa y que ha requerido grandes inversiones, normalmente por parte de gobiernos. Además de contar con el conocimiento y la tecnología adecuados. Pero esto está cambiando desde hace unos años. Nuevos satélites empiezan a girar alrededor de la Tierra a un coste menor, a menos distancia y con las mismas o similares prestaciones que los satélites de mayor envergadura.

Uno de los beneficios de disponer de satélites más económicos es la posibilidad de poner en marcha una red de antenas espaciales que den apoyo al despliegue que ya existe en tierra para dar cobertura a las incipientes redes 5G. Así, a medida que el uso y necesidad de ancho de banda 5G se incrementa, el 5G espacial permitirá acelerar la red, impedir su saturación y lograr una cobertura mayor en cualquier punto del planeta.

Los nuevos satélites de órbita terrestre baja

Los satélites tradicionales o GEO (de órbita geoestacionaria), han estado en órbita durante más de 50 años. Pesan más de una tonelada y operan a 36.000 kilómetros de la Tierra. Permanecen en una posición fija y sirven para conectar antenas terrestres entre sí en diferentes zonas y distancias. 

Por su parte, los nuevos satélites LEO (de Low Earth Orbit, órbita terrestre baja) pesan menos de 500 kilogramos y operan a distancias de entre 500 y 2.000 kilómetros de la superficie de la Tierra. A esas distancias menores, la latencia es también menor. De manera que son más rápidos para enviar y recibir datos. También son menos costosos. Y en su contra, solamente está su menor área de cobertura, lo que se puede solventar desplegando más satélites.

Precisamente por su menor coste, los satélites LEO son una excelente opción en el sector privado. Empresas de todo el mundo trabajan en este tipo de tecnología para implementar redes de satélites con diferentes fines. El proyecto más conocido es el de SpaceX, que a través de la marca Starlink ofrece cobertura inalámbrica para acceder a internet desde cualquier punto del planeta gracias a su gran red de satélites. Pero no es el único en un sector en alza.

5G espacial con ayuda de satélites de nueva generación

5G espacial para unir todo sin cables

La tecnología 5G es la primera que surge en un contexto de ciudades inteligentes y dispositivos interconectados. Para cuando empecemos a desplegar las redes 6G y 7G, esto será ya una realidad en la que millones de dispositivos y aparatos estarán conectados entre sí. Y serán necesarias redes ultrarrápidas con baja latencia que respondan de inmediato. De ahí que pese a que la cobertura 5G es una realidad en muchos países, todavía no hayamos alcanzado las máximas velocidades que ofrece esta tecnología en su despliegue óptimo.

Y en un futuro en el que sea necesario conectar carreteras, alumbrado y otros servicios públicos, la tecnología 5G instalada en tierra tendrá el apoyo del 5G espacial gracias al despliegue de satélites de órbita baja que contribuyan a reducir la saturación de la red y disminuyan todavía más la latencia. Tanto en ciudades como en lugares más remotos.

Precisamente, una de las ventajas del despliegue de satélites LEO es que permiten conectar con el resto del mundo desde zonas alejadas o aisladas. Tanto en tierra como en mitad del océano. Esto incluye a barcos, aviones y vehículos en áreas remotas. Con un coste beneficio superior al que se produciría con fibra óptica o con antenas terrestres.

Con los satélites LEO, empresas de todo el mundo quieren llenar el cielo para ofrecer mejores comunicaciones

Un sector en alza para cubrir el cielo de satélites

Como comenté antes, SpaceX es posiblemente la empresa más conocida que está trabajando con satélites de órbita baja. Pero hay más competidores en una carrera espacial de corte privado y que dará como frutos mejores conexiones en cualquier rincón del planeta. Eso y el crecimiento de un sector que antes dependía de agencias públicas y que ahora puede expandirse para satisfacer las necesidades públicas y privadas. 

En concreto, SpaceX cuenta con más de 4.500 satélites desplegados. De ellos, 2.000 están ya en órbita y operativos. Ofreciendo cobertura y acceso a internet a unas velocidades próximas a los 100 Mbps por usuario.

El proyecto de Amazon, Kuiper, tampoco se queda atrás. 3.236 satélites que estarán órbita para 2026. En tercer lugar tenemos OneWeb, con 648 satélites, de ellos 428 en órbita. Su objetivo, colaborar con distintas operadoras de telecomunicaciones.

Más nombres a tener en cuenta. Lightspeed de Telesat tiene 298 satélites a lanzar entre este año y 2023. Y, por último, Orchestra de Inmarsat. En su haber, 175 satélites LEO para facilitar conectividad mediante 5G en combinación con satélites de tipo GEO.

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